Aquel verano en el Paraíso
Había sido un duro invierno en Madrid. Una afección de pecho me tuvo enfermo durante largos meses. Al final de la primavera mis padres, por consejo médico, acordaron enviarme para mi convalecencia a las montañas del norte.
Era una mañana esplendorosa. A través del ventanuco de mi cuarto observaba el bucólico paisaje de la alta montaña. Sobre las cimas los últimos vestigios de bruma, como blancos tules, se disipaban lentamente mientras el sol asomaba al fin entre los altos picos. En la más alto aún se veían los neveros que resistían los embates de los calores del verano. Todo el valle resplandecía de un verde intenso que los cerezos punteaban, aquí y allá, con pinceladas de un rojo intenso. Los pajarillos volaban frenéticos e...