Después del funeral
"¿Qué clase de zorra soy yo? El cuerpo de mi marido no lleva ni doce horas bajo tierra, y yo me estoy tirando a su padre..."
- Pidamos pues a Nuestro Señor que acoja en su seno el alma de nuestro hermano - decía el sacerdote. Pero las dos, apenas lo oíamos. Yo tenía veinticuatro años, mi hija apenas cinco, pero las dos ya sabíamos lo que era el dolor. Mi esposo acababa de morir. Me había casado muy joven, con diecinueve años, y embarazada de ella. No me había importado, Gerardo y yo éramos poco más que niños, pero nos queríamos, éramos felices es cierto, él era un soñador con muchas mariposas en la cabeza. Siempre estaba...