De sueños y brujas
Se la metí en el culo hasta el fondo... Me voy a correr, vida- ¡Ni se te ocurra, perro! ¡¡Aquí la que se corre soy yo!!
Era una noche cerrada de invierno. Las nubes descargaban con ganas. Yo estaba mirando al camino por la ventana del piso de arriba de mi casa, una de tantas casas de piedra de aquella aldea que estaba a un kilómetro escaso de un pequeño pueblo.
Ella, con un vestido negro y un chaquetón con capucha pasaba por el camino bajo el palo de la luz. Después de oírse un ruido atronador, un rayo cayó a su lado. Su cuerpo empapado emitiá la luz de millones de diminutos rayos. Los murciélagos dejaron la bombilla d...