Mi triste destino
La necesidad de sentirme querida me llevó a introducirme en un mundo sórdido y lleno de perversiones.
Me habían diagnosticado Trastorno de la Personalidad por Dependencia. Al fin lo que me sucedía tenía un nombre pero no me solucionaron nada sobre como podía curarme. Probablemente tendría que convivir toda mi vida con ello y aprender a controlarlo para que no me arrastrase a situaciones demasiado comprometidas. Busque información sobre este tema y en alguna revista leí: “Puede llegar a hacer cosas que le resultan desagradables para agradar a los demás y obtener su apoyo y cariño”. Eso explicaría mi actitud...