En las vacaciones de verano (2)

Continuación de mi anterior relato, en la que dos chicos siguen probando nuevas experiencias.

Un día de verano, de esos que le da por llover, Rober y yo decidimos quedarnos en casa todo el día, viendo películas, jugando a la consola y echándonos unas risas. Era uno de esos días en los que no te apetece salir. Así que avisé en casa de que pasaría la el día en casa de Roberto y que dormiría allí. Ni siquiera se inmutaron, era algo que había empezado a hacer a menudo. Obviamente no le habíamos dicho nada a nadie de lo nuestro. La verdad es que ni lo hablamos, era algo que parecía normal para noso...

La segunda mejor arma

Todavía me excito cuando recuerdo ese momento. Lo esperé poco tiempo, pero hubiera esperado mucho por su llegada. En el teléfono su voz había sido el mejor estimulante sexual para mi cerebro embebido de emociones y hambre de sensaciones nuevas.A Joaquín lo conocí también a través del internet. Fue casi fortuito nuestra detección mutua, ese descubrimiento de la aguja en el pajar, extraña mezcla de desconcierto y placer que nos suele arrebatar la cordura muchas veces.

La segunda mejor arma

Todavía me excito cuando recuerdo ese momento. Lo esperé poco tiempo, pero hubiera esperado mucho por su llegada. En el teléfono su voz había sido el mejor estimulante sexual para mi cerebro embebido de  emociones y hambre de sensaciones nuevas. Al bajar del taxi fue un destello que me pegó tanto en la piel que no le quité los ojos de encima ni un solo momento, a riesgo de que los transeúntes me advirtieran, las señoras en la vereda, los porteros del hotel, el policía d...

En las vacaciones de verano (3)

Tercera y ¿última? parte de dos chicos que van descubriendo poco a poco el sexo.

Hubo un par de días en los que no paré de pensar en el placer que me había producido Rober penetrándome con sus dedos el ano, y me sorprendía a mí mismo pensando en él follándome con fuerza y gimiendo de placer. Estaba decidido a explorar esa nueva sensación y quería que Rober me ayudara.

Tenía miedo de que si volvía a pedirle que lo hiciera acabase metiéndome su descomunal herramienta y me doliese, así que durante un tiempo exploré yo solo esa zona, para acostumbrar mi ano a tener algo dentro y...

Pastel de tres leches

Un relato largo. Si quieren leer sólo la parte del sexo, salténse la primera mitad.

Cuando era niño, la tarta de fresa era mi postre favorito, pero, aunque parezca exagerado, desde hace algunos años se había convertido en mi peor pesadilla. Su sabor aún me agradaba, y me regresaba a aquellas tardes en que mi abuela me daba una rebanada recién horneada, acompañada de un delicioso chocolate hecho con molinillo, como en los viejos tiempos. De vez en cuando, cuando entre mi trabajo y mi casa encontraba cinco minutos de vacío, detenía el auto afuera del café ubicado frente a la clínica do...

En las vacaciones de verano

Dos amigos que se ven por las vacaciones, y acaban siendo algo más.

Conocía a Roberto desde siempre. Éramos buenos amigos y nos veíamos en las vacaciones de verano, en el pueblo. Era muy deportista y siempre se lanzaba a todo. Algunos decían que era un poco borde, incluso agresivo, y un maleante; pero no era así. Era su forma de ser para aquellos que no le inspiraban confianza. Tenía aire despreocupado, nunca se alarmaba y aceptaba lo que venía de buen grado. Con 15 años le dejaban pasarse meses enteros solo en la casa de la familia, en el pueblo. Podía ir a donde él...

Mi compañero de piso me dio el desayuno 3

una vez mas me volvieron a dar mi biberon pero este de noche y mucho mas grande.

Bueno aquí estoy de nuevo para relataros algo mas de mi nueva vida, aquella que empezó cuando mi compañero me pillo oliendo sus calzoncillos.

Después de aquel día, todo cambio dentro del piso me convertí en un esclavo sumiso para mis compañeros, Y fuera pues me trataban de una manera de lo más normal.

Bueno al grano Alberto (1.74m, 88Kg ojos azules pero era mas bien feo) era un empellón de mucho cuidado, y aunque siempre le molaba humillarme y fallarme de una manera violenta, en los últimos...

El culo es una zona erógena (1)

Oye, peladito, yo puedo ayudarte a comprender lo que es una zona erógena.

EL CULO ES UNA ZONA ERÓGENA (1/2)

La ciudad de donde provengo queda como a dos horas de la capital y carga con la fama de ser la ciudad de las naranjas dulces, de las mujeres bellas y de los hombres… bueno, de los hombres así como yo, pues.

Cuando oí por primera vez semejante proclama no tenía tanta capacidad de verbalizar y así cuestionarla, pero ya me pareció una estupidez. Ahora tengo más cancha y puedo decir que es una frase que, queriendo ser jocosa y de manera velada, ejerce un...

Por no pagar una multa (2)

Segunda parte de mi anterior relato, en el cual por no pagar una multa cumplo mi fantasía de ser follado por un mosso..

Eran las 11 de la mañana, estaba durmiendo en mi cama, solo con un slip blanco (soy un poco maniático con la ropa interior y solo uso slips blancos o negros.. :P) cuando tocaron al timbre de casa..

“Joder, ¿quien será a estas horas?” – pensé, y juré matar a mi amigo Pol, si es que era él quien tocaba el timbre, como yo imaginaba..

Pero cual fue mi sorpresa al mirar por el videoportero (viva las nuevas tecnologías!) cuando me encontré al policía del otro día!! Solo de verlo se me puso el rab...

En un rincón de la biblioteca

¿Tengo que darte algo a cambio? - ¡No tienes que darme «nada»!

En un rincón de la biblioteca

1 - El invitado

Hablaba un día con mi amigo César sobre la mala organización que había en la biblioteca de la facultad y me dijo que conocía otras mucho mejores.

  • No soporto eso de ir a buscar un libro de historia – me dijo – y encontrar allí uno de anatomía. ¡Se pierde mucho tiempo!

  • A veces – le dije – está mejor la Biblioteca Pública que estas. Allí he encontrado libros que aquí no hay forma de localizar.

  • Deberían de aprender de ciertas...

El cura y yo

Mi mujer se va de casa cuando se entera de lo que hice con el cura del pueblo antes de nuestra boda.

El cura y yo.

Hará ahora unos tres años que mi mujer y yo dejamos de vivir juntos. Llevábamos casados cuarenta y cinco años y un día, cuando regresé de jugar a la petanca con mis amigos, encontré una nota en la que me explicaba que se iba a casa de nuestra hija pequeña y que no volvería. Todo un detalle, teniendo en cuenta lo enfadada que estaba conmigo desde hacía tres meses. Y todo por culpa de aquel maldito cura.

Se llamaba Julián y era el párroco de la iglesia de nuestro pueblo desde p...