A veces se yerra

Una equivocación peligrosa. Basado en hechos reales.

A veces se yerra

0 – Prólogo

La historia que narro a continuación es real, pero he cambiado el final por motivos muy personales.

Recordaréis algunos de vosotros que empecé escribiendo una saga sobre las vidas de Tony, Daniel y Alex. Tony era el director de una orquesta; una orquesta ficticia. El relato que os ofrezco a continuación tiene algo que ver con una orquesta, pues en ella trabajé en mi juventud durante algo más de tres años, pero no quiero que confundáis a aquellos personajes...

La playa desierta

Dos hombres tienen un encuentro morboso en una playa desierta.

Había recalado en un lugar desértico, después de conducir por caminos de tierra de pésima conservación, entre sembrados y pastizales, llegó a un lugar donde pudo dejar el coche cercano a unas higueras y bajó a una playa desértica de una belleza singular.

Era temprano y la bruma inundaba la playa, creaba un misterioso ambiente en aquel lugar donde solo se oían las gaviotas y las fuertes olas.

Extendió una gran toalla sobre la arena, clavó una sombrilla y colocó todas sus cosas bajo esta a l...

Un ser invisible (2o Experimento)

Con la complicidad de Paquito y las ganas mutuas de seguir experimentando, decidimos que era un buen momento para pasearnos por el gimnasio de mi barrio.

Paquito estaba ya al final de la calle, detenido en un semáforo. Seguía con el teléfono en la oreja, preguntándole a la nada si le podía oír. No dije nada, pues había demasiada gente alrededor, pero sí le rocé el culo para hacerle notar que estaba a su lado.

-Te encuentro muy gracioso, amigo mío, pero no tengo ganas de tonterías. Te tengo que dejar, lo siento.

Mi amigo colgó el teléfono sin esperar respuesta (tampoco es que se la fueran a dar), y miró a una señora que había junto a él, dedi...

Mi director

Se sentía solo, muy solo. Las primeras veces que iba yo a su casa, una verdadera mansión. Nos daban de cenar, vino francés, una copa luego, y a platicar. Qué a gusto lo hacíamos, nuestro acercamiento era cada vez, día a día, mayor.

MI DIRECTOR

A Juan Pablo, ese amigo tan querido,

con mucho cariño.

En la "Empresa" el Director General es un hombre enérgico, pero amable, justo, comprensivo. Es querido y estimado por todos. Es ya de cierta edad, y requiere algo de entretenimiento y descanso.

Se lo dijeron sus amigos, su médico, y su mujer.

Por fin hizo caso. Se iba por varios meses al extranjero, viajaría, estaría en casas de amigos, de parientes, de familiares.

¿Y su lugar por quién iba a...

Contacto muy peligroso

¿Real o ficticio? Cuidado con los contactos por revistas o por Internet.

Contacto muy peligroso

1 – Introito

En 1997, cuando Internet parecía despertar en las mentes de los ciudadanos, comencé a buscar a alguien; alguien con quien compartir mi vida, a ser posible, para siempre. Pero los sistemas de chat de entonces eran primitivos y el móvil era cosa de ejecutivos rara de ver por la calle. Compré una revista de anuncios por palabras y observé que había mucha gente deseando contactar. En el apartado «Gay» había muchos anuncios, pero ninguno me pareció interesant...

Un ser invisible (1er experimento)

A veces le decía: Me gustaría ser invisible para poder entrar en un vestuario lleno de cachas en pelotas. Y mi amigo Paquito, como si fuera el puto genio de la lámpara, una tarde me concedió el deseo.

Según el reloj del laboratorio llevaba 37 minutos allí de pie, en pelotas, viendo como mi buen amigo Paquito me seguía enganchando esas dichosas pegatinas blancas por todo el cuerpo. Cara, cuello, torso, espalda, culo, incluso una enrollada en la polla, los muslos, las rodillas, las pantorrillas, los pies...

No había un solo rincón de mi cuerpo donde no se vieran esos pequeños circulitos blancos parecidos a los parches de nicotina para dejar de fumar. Estaba empezando a cansarme, porque además P...

Mi síndrome de Estocolmo

(con música) - Dicen que ocurre así pero, ¿llega a tanto?

Mi síndrome de Estocolmo

1 – Alguien me lleva

Aquella tarde fue una de las que solía tener mi padre. Ni mi madre ni yo sabíamos por qué se volvía agresivo o se aislaba dando gritos si nos acercábamos a él. Había algo en mi carácter que lo tenía que haber heredado de mi padre porque sentí deseos de golpearle con todas mis fuerzas con el puño cerrado en la cara. Mi madre me vio demasiado excitado y me hizo un gesto con la cara para que me serenase y me olvidase de la fiera que teníamos sentad...

Sumisomasoca (la escena del vestuario)

Escena de sexo y humillación en los vestuarios de unas instalaciones deportivas. Violación de sumisomasoca por un chulo del gimnasio.

Hola, me llamo Miguel, tengo 23 años, soy delgado, depilado y cabezita rapada, culito respingón ojete abierto y muy tragón, buen chupapollas, complaciente, servicial, sumiso y promiscuo por naturaleza. En general buen amante.

Os contaré lo que me sucedió el año pasado. Llegaron los finales de septiembre y el complejo deportivo estaba a medio gas. Solo los verdaderamente obsesionados con el deporte, los que  habían pasado los exámenes, algunos de los que estaban en examenes y algunos no universit...

¿Solo sexo o solo amor? (1)

Una nueva saga de la historia de varios personajes de la vida cotidiana, sexo, amor, violencia, codicia y mentiras. Que seguramente cada uno de los lectores se puede identificar con un personaje.

¿SOLO SEXO O SOLO AMOR?

Una nueva saga de la historia de varios personajes de la vida cotidiana, sexo, amor, violencia, codicia y mentiras

Sus besos cálidos recorrían el vientre de su amante, se esforzaba por complacer aquel bello hombre. Felipe un esbelto de hombre de 35 años, que aparentaba mucho menos, su trabajo de gimnasio se notaba sin exageración y agregando que era un verdadero misterio en su vida privada. Sebastián seguía recorriendo el cuerpo, su lengua, sus manos hacían su tarea...

Encuentro en Torimbia

Dos hombres se encuentran en una bella playa donde tienen una bella experiencia de sexo y atracción.

Bajo a la playa después de haber corrido varios kilómetros por aquellos caminos frondosos de helechos y pinos, la playa estaba desierta solo un bonito oleaje que rompía contra las rocas que se desparramaban sobre la orilla.

Dejó sus ropas deportivas sobre una roca y se acercó al rompeolas metiendo sus pies cansados en la fría agua del cantábrico. Su cuerpo se estremeció al contactar con aquel frío mar pero pronto se acostumbró a su temperatura y fue introduciéndose mas adentro en la inmensidad d...