Un verdadero macho
Fue mi primera e inolvidable vez.
La mesa de luz se tambaleó por la estocada y los vasos y giraron estruendosos por el piso.
El sonido no amortiguó el terrible dolor la invasión.
Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas.
Apretó los labios y ahogó el grito.
Soy pleno, pensó, ante el insoportable dolor que lo quemaba.
La cadencia de la música del disco era lacerada por el bufido de la ansiosa y tórrida respiración que le quemaba la nuca.
Al suave perfume del incienso del ambiente, ahora se le sumaba i...