La estación de metro
Un hombre se le empieza a insinuar... nuestro protagonista no lo rechazará.
Me encontraba en la estación del metro cuando observé a un joven que se paseaba ante mí con las manos en el bolsillo de su abrigo, abrigo que, disimuladamente, se abría al pasar ante mí, y me dejaba ver su entrepierna y su muslo. Bajo del abrigo llevaba un pantalón súper-ceñido donde se marcaba una polla que prometía mucho, por el movimiento de sus manos cuando se daba la vuelta y se cerraba el abrigo, creo que se la acariciaba, para que se le pusiese cada vez más grande, pues a cada vuelta qu...