En tres tamaños
La importancia de saber jugar.
Los horarios eran incompatibles. Él se levantaba temprano y caliente, pero yo estaba durmiendo. Intentaba responder a su mano provocadora jugando entre mis pelotas, pero apenas había tiempo para unos besos largos antes de desayunar y marchar al trabajo. Cuando él iba a volver, yo me iba a trabajar; y al regresar del trabajo era él el que estaba desplomado en la cama, incapaz de abrir los ojos mientras mi cabeza se colaba entre las sábanas en busca de un bocado de su miembro. Así pasaban los días, y así aume...