Un buen trabajo
Esa necesidad de compartir soledades los llevó a reunirse en la casa de uno a ver videos y, desde allí al sexo pasaron dos escenas; del sexo a las manos pasaron dos cuadritos; y, al cabo de otros dos cuadritos, acabaron por compenetrarse en un pacto tácito de silencio complaciente que ninguno de los dos quería romper.
“Hice un buen trabajo”, dijo.
Daniel creyó comprender que era una pregunta y lanzó: “No sé”.
Rentel no vaciló en disparar: “Sí, hice un buen trabajo, ya lo verás”.
El aire trajo el aroma florido de los naranjos de la calle.
La derecha de Rentel se posó en el culo de Daniel y, al abrir la puerta de calle, espetó: “En una semana”.
Quedó parado en el portal absorto en el meneo de las nalgas de Daniel alejándose; se prometió a sí mismo que le regalaría un pantalón elastizado que re...