El Segundo Golpe
¿Qué me estaba pasando? estaba consciente de que mi amante no tenía pechos grandes y redondos, tampoco tenía un trasero levantado. Hasta el aroma era diferente. Pero me sentía excitado, el besar su cuello, el oírlo jadear mientras mis manos lo acariciaban me enardecían la piel
Un par de cuadras antes de la parada del bus había un rincón oscuro que daba cierta intimidad a los amantes furtivos. Eduardo y yo pasamos por ahí cuando nos encaminamos con la firme idea de que cada quien se iría a su casa. Era justo descansar después de una semana de trabajo, los recuerdos de la semana anterior y un par de horas de charla en el billar.
En ese rincón era habitual mirar las siluetas de las parejas atrevidas y más en los días viernes como éste donde el destino dicto que estuviera vací...