El arquero de Oakwood
A pesar de lo habilidoso que se pueda ser en algo, todo el mundo puede comoeter errores. Sin embargo, unos se pagan más caros que otros.
La primavera bullía por todas partes en la aldea de Oakwood. Las casas amontonadas brillaban bajo el brillante sol de la mañana, muy luminoso pero no molesto. En el cielo, unas pocas nubes mancillaban la pureza de su azul celeste, pero de momento ninguna presagiaba lluvia. Una ligera brisa soplaba desde el este, trayendo los aromas del bosque y un ligero frescor que proporcionaba una temperatura suave y agradable. Los más pequeños aprovechaban el buen tiempo para salir a divertirse con sus infantiles juegos...