Micaela
Pasó con su madre. ¡ Qué rara belleza ! ¡ Qué rubios cabellos de trigo garzul ! ¡ Qué ritmo en el paso ! ¡ Qué innata realeza de porte ! ¡ Qué formas bajo el fino tul ! . . .
Pasó con su madre. ¡ Qué rara belleza ! ¡ Qué rubios cabellos de trigo garzul ! ¡ Qué ritmo en el paso ! ¡ Qué innata realeza de porte ! ¡ Qué formas bajo el fino tul ! . . . Pasó con su madre. Volvió la cabeza: ¡ me clavó muy hondo su mirar azul ! Quedé como en éxtasis . . . Con febril premura. " ¡ Síguela ! ", gritaron cuerpo y alma al par. . . . Pero tuve miedo de amar con locura, de abrir mis heridas que suelen sangrar, ¡ y no obstante toda mi sed de ternura, cerrando los ojos, la dejé pasar...