La niña buena (10)
Ana empieza su camino sin retorno hacia la sumisión.
Los pezones de Ana se marcaban como dos duros botones en la tela del precioso vestido. Su agitada respiración hacía que sus tetas subieran y bajaran al ritmo de sus pulmones.
-Joder, Ana. Pero que buena estás.
-¿De verdad soy guapa?
-Eres preciosa.
Se acercó a ella y la abrazó, con fuerza. Le besó el cuello, mientras llevaba sus manos a su culo, sobándolo y apretándolo contra él. Ana sentía contra su barriga la dura polla de Ramón. El pensar que aquella enorme barra estaría dent...