Viaje de un jubilado a La Argentina (40)
Mi llegada a Salta fue un poco accidentada y la sorpresa que me esperaba al conocer a la hermana de Dora fue mayúscula, mis horizontes se iban ampliando y de paso hacía turismo.
Este relato no sería posible sin la estimable colaboración de mi amigo Guilleos, un porteño auténtico.
El sol brillante me daba en la cara cuando me desperté, había dormido muy bien y cuando me situé pasé la mano al lado de la cama, esperaba notar el calor del cuerpo de Dora pero en su lugar estaba el hueco y el frescor de la mañana, me levanté y en la mesilla había una nota, “Voy a la escuela, volveré a la hora de comer y después… iremos a Salta”. Aquellos puntos suspensivos hicieron que l...