Incesto Sin Sangre (8) N.
La tomé por la cintura y la empotré contra el umbral, encerrándola con mis brazos, besándola con furia en la boca, sin importarme si respondía o no, naciendo una necesidad incontrolable de ella. Le abrí sus labios con los míos e introduciendo mi lengua, le saqueé la boca, buscando su lengua, conminándole a que jugara con la mía, presionándola con mi cuerpo.
Los ojos de mi padre estaban abiertos de par en par.
Ale se quedó quieta, impávida de miedo. Yo lo miré, sosteniéndole la mirada. Era increíble que mi padre me infundiera tanto respeto, haciéndome creer que era un niño perdido que había estado haciendo maldades sin su permiso, en realidad, me sentía como un crio ante su mirada fría, refulgente de una ira contenida. Apretó su mandíbula y las aletas de su nariz se agrandaron por el curso de su respiración contundente.
Me coloqué enfrente de Ale, e...