Mi madre es una masoquista II
[...]Me coloqué sobre ella, y sin más, le hundí la polla completa. Gritó con fuerza, pero no dejó de mantener sus nalgas separadas [...]Su ano se contraía lo cual resultaba sumamente delicioso, y lo fue mucho más cuando se corrió. Un orgasmo anal.
Había pasado un mes desde aquella mañana, y la situación no se volvió a repetir. En realidad actuábamos como si nada hubiese pasado entre ambos. Algo que por un lado me aliviaba y por otro me inquietaba. Mi consciencia estaba dividida entre el placer que obtuve al follar con mi madre y la vergüenza que eso me producía. Aunque ella tuvo una participación activa, siento que fue mi responsabilidad el que llegásemos a ese punto. No he parado de pensar en la actitud lasciva que tomó, de cualquier manera, no ha v...