El soldado y su conciencia
Olvídalo, todavía es muy pequeño para ti, reflexionó mi conciencia. Me provocó levantarme e ir a tomarlo por las nalgas, bajarle suavemente ese mono azul oscuro y darle, allí mismo, en la cocina, una buena empalada. Epa, cuidado, ese carajito no debe tener ni pelos, además es tu primo, volvió a hablar mi conciencia.
EL SOLDADO Y SU CONCIENCIA
Yo no sé cómo vive gente en Caracas en estas condiciones, tuve que subir, a pié, los doce pisos porque el ascensor estaba dañado. Claro, ese esfuerzo es, para mí, irrelevante porque me mantengo en forma por el deporte y estoy acostumbrado al fuerte ejercicio diario en el cuartel donde presto el servicio militar. Subí saltando, de dos en dos, los escalones, cargando con mi pesado morral sobre la espalda. Cuando llegué, los músculos de mis piernas, duras y ágiles...