Leche futbolera
Un adolescente muy caliente, un partido de futbol por el Campeonato Mundial, y dos maduros cachondos que le meten varios goles.
Me vino a buscar mi vecino, Raúl Armando Pannunzio, conocido en el barrio como Raulito, lo que en cierto modo oculta que lejos de ser un chico, es un energúmeno de 1,86 m. descalzo, a sus diecisiete años: el es el hijo de mi madrina, la Asunción, y como yo la adoro a la vieja, le dije que si. La Asunción había estado enferma de colitis, y yo no quería contrariarla. El Raulito venía a invitarme a la cancha de "bowling" de la otra cuadra, donde habían puesto una pantalla de televisión de plasma gigante...