Memorias del colegio
El espejo de los vestuarios me enseñó que las calzonas de gimnasia aprietan mucho más que las sotanas, aunque puede que sea al revés.
MEMORIAS DEL COLEGIO
Allá por los años setenta, cuando Franco daba ya sus últimas cabezadas, me enviaron de repente a un internado salesiano. Rondaba yo los trece años y estaba en plena ebullición sexual.
El internado era considerablemente grande: albergaba unos seis mil alumnos internos, comprendidos entre los doce y diecisiete años. Teníamos profesores curas, pero también seglares.
El complejo se componía de una treintena de edificios de ladrillo visto, unidos entre sí por corredore...