Medianoche
Apenas habían pasado unas horas cuando sentí el movimiento de Mario, que tenía un sueño inquieto. Lo estuve contemplando por un rato, luego le di la espalda y volví a dormirme, o eso creí.
MEDIANOCHE
Poco después de la medianoche Mario se dio una vuelta sobre la cama. Parecía experimentar un sueño inquietante porque su pecho poderoso subía y bajaba rápidamente, y emitía de vez en cuando algunos jadeos cortos. Hacía un minuto sus movimientos me habían despertado, y en la penumbra que envolvía la habitación podía ver claramente su rostro joven, iluminado por una emoción desconocida. Se quedó quieto unos segundos, lo suficiente para que controlara una cierta desazón que me había envu...