En la Estancia
Dios mío, pensé dentro de mí, estas cambiadísimo, eres muy alto y fuerte, mira solo esos brazos y ese cuello, y comencé a alabar todos sus miembros. Realmente Jaime estaba hermoso. Cuando niño era flaco, pequeño y muy feo, ahora se había convertido en un tipo viril, fuerte, llamativo y lo mejor de todo no tenia compromiso con mujer, señal de que alguna esperanza había por allí.
Corría el mes de julio, estaba muy caluroso y me encontraba en casa de vacaciones. No soportaba tener que estar metido entre cuatro paredes todo un mes sin tener al menos una aventura fuera de casa.
Decidí ir a una agencia de viajes a ver que paquete me podían ofrecer, pero nada me interesaba. Eran excursiones tontas y de lo más común. Yo quería y exigía algo fuera de la rutina de playas, montañas y ciudades.
Me acordé de algunos amigos y decidí llamar a Rogelio, que tenia un pequeño gimnas...