Iba para casa y encuentro a Tino mi viejo vecino.
Que hijo de puta, el cabrón no perdía ocasión. Me giré hacia él, y con una sonrisa maquiavélica, llevé mi mano a su entrepierna, le agarré el paquete diciéndole, si quieres puedes secarme tú.
Recuerdo que era viernes, había ido al centro de la ciudad con la idea no solo de pasarlo bien, si no que además esperaba poder encontrar alguien con quien follar, y mi gozo en un pozo, a eso de las 2 de la madrugada, volvía para casa, mojado por la lluvia que estaba cayendo, y medio colocado. Y lo peor, es que llevaba unas tremendas ganas de follar, pues tal y como se había puesto el día, apenas había gente por la calle y tal y como me encontraba, había decidido irme a dormir a mi casa, ya bajaría al día s...