Amarrado, cegado y follado hasta la extenuación
Ramón obsequia a Mariano con una sesión de sexo sado.
Nunca me deja de sorprender la multitud de tonterías que uno hace cuando entra en el laberinto que supone mezclar el amor con el sexo, ¿cuántas barreras interiores bajamos para conseguir que el ser amado permanezca a nuestro lado? Si no, no me explico porque un tío de treinta y siete años como yo, varonil y con un buen físico, atractivo (o por lo menos eso es lo que me dicen) se dejara poner una venda en los ojos por su amante. Quizás en eso tuviera mucho que ver que Ramón fuera un metro ochenta de mascu...