Y estallaron las estrellas...
No podía más, necesitaba urgentemente un macho que me cogiera, y entonces apareció él...
Me llamo Hilda R., tengo 34 años y desde que terminé mis estudios secundarios mis padres decidieron casarme con un anciano ricachón del pueblo en que vivíamos. La boda, claro está, complació a todo el mundo, menos a mi persona. A través de los siguientes doce años, mientras que me desarrollaba como mujer, adquirí la frigidez total en mis relaciones sexuales. Principalmente porque mi marido me lo hacía mediante un manual de posiciones sexuales que se suponía milenario y procedente del Oriente.
Me...