Cariño, seguro que me entiendes (Primera parte)
Cuando la conocí, no pude ni imaginar que me llevaría a la situación en la que me encuentro ahora.
Cuando la conocí, no pude ni imaginar que me llevaría a la situación en la que me encuentro ahora. Curiosamente, la diferencia de edad no fue nunca un obstáculo. Graciela, en el esplendor de sus 30 años, estaba acostumbrada a tratar con cuarentones como yo debido a su trabajo de directora en un hotel en Barcelona. No le pasaban desapercibidas las miradas furtivas, incluso las descaradas, que los clientes habituales le dedicábamos. Las ocasionales invitaciones a tomar una copa fuera del horario de trabajo la...