El maletero (III)
Aquel era su templo...
Poco a poco el garaje se fue convirtiendo en un templo, un lugar oculto a miradas curiosas donde adorar a una verdadera Diosa; de hecho, cualquiera que pasara por fuera, al lado de la puerta, no podía imaginarse siquiera que se usara aquel recinto. Las paredes se habían forrado de corcho para aislar el sonido, tras la puerta de acceso al coche se había instalado una persiana que cerraba herméticamente el espacio y en el techo había un potente extractor que mantenía ventilado el recinto.
Mi Diosa...