Sin esperarlo
Un trio inesperado para mí con una agradable velada.
Nos conocimos en una estación del metro de esta ciudad capital, alguna vez llamada como el ombligo de la luna, ciudad de México, donde encuentras todos los pecados imaginables y puedes irte inventando otros. Nos quedamos viendo a los ojos en ese momento y de inmediato me extendió su tarjeta.
Y no era un tipo de esos que siempre encuentras en los relatos de aquí. Mucho mejor era un cabrón real, delgado y con un buen bigote. Un poco mas bajito que yo, pero los años te vuelven un mejor escaneador de...