Yo Panadera
Si yo extendía la masa, él esparcía sus toqueteos con las palmas abiertas; si yo la agrupaba, él cogía mis pechos desde abajo queriéndolos amontonar en sus puños.
Yo Panadera
Detesto trabajar los domingos, lo odio con todas mis fuerzas. Y no es por el madrugón, que a eso ya está una acostumbrada. Es que los domingos siempre son calcados unos de otros: los mismos cuarentones vestidos de chándal con los mismos periódicos en la sobaquera, los mismos niños con lazos, calcetines calados y zapatos de charol.
Quiero un huevo kinder, papá, quiero, ¡quiero!, ¡¡quiero!!...
Los tengo metidos en la cabeza, con esas vocecillas chirriantes. A veces se p...