Como me convertí en un juguete (3)
Tal y como prometió Héctor, me tenía una sorpresa guardada para el día siguiente. Una sorpresa que iba a ser muy larga.
Me desperté inquieta, todavía con la cabeza dándome vueltas sin poder asimilar bien el dástico cambio de rumbo que había tomado en tan poco tiempo, y temerosa de lo que podría ocurrir en el futuro. Me levanté de la cama, sorprendida de que Joaquín no estuviese durmiendo, pues él solía dormir hasta casi el mediodía y aún no eran ni las nueve de la mañana. Me puse unas braguitas y una camiseta y caminé perezosa hasta la cocina, donde estaba él totalmente vestido y peinado, rezumando un aroma a colonia que, si...