Placeres Inmorales 1

Entonces me despojo, de el ultimo dejo de decencia que quedaba en mi, mi ropa interior dejándome completamente desnuda antes sus ojos.

Esta serie de relatos son una manera de compartir  con ustedes mis experiencias, y poder también liberar, espacio en mi mente, de antemano conociendo que los placeres carnales a veces son mucho mas fuertes que la moral,la descencia, las buenas costumbres y muchas veces también mas fuertes que el amor.

Hola, Mi nombre de pila aunque sé que de cierta manera sé que es importante darlo a conocer, por razones de discreción, y por  que quizás sería divertido que ustedes como asiduos lectores me otorgaran un...

Isabela

-No, no tiene nada que ver con los negocios. He matado a Ignaki. -¿Qué ha hecho que?- Francisco Olmos estaba perplejo.- ¿Pero porqué ha hecho eso? -Se tiraba a mi mujer.

El teléfono del despacho del señor Francisco Olmos sonó sobre la gran mesa repleta de papeles que ocupaba el centro de la pequeña estancia. El hombre sentado en la butaca de oficina dejó los papeles que estaba leyendo y descolgó el auricular. Una voz femenina, de una mujer joven habló nada más descolgar el aparato.

-Señor Olmos, tiene una llamada.

-Clara, te he dicho que no me pasaras llamadas- contestó el señor Olmos desde su despacho –Estoy muy liado archivando los documentos pendientes.- Fran...

21 centimetros

Llevo casada cuatro años, tengo un hijo que todavía no ha llegado al año. Mi marido y yo hemos atravesado por una crisis hará un mes y

Llevo casada cuatro años, tengo un hijo que todavía no ha llegado al año. Mi marido y yo hemos atravesado por una crisis hará un mes y la cosa se esta medio arreglando, a trompicones, pero se va arreglando. El motivo es por causas que no merecen la pena contar en este relato, simplemente contar mi estado civil y mi situación actual. Narraré que uno de los motivos fue mi infidelidad, le fui infiel una vez, y esa infidelidad me ha marcado tanto que a podido ser una de las causas del fin de nuestro matrimonio....

Beatriz (4)

Una historia real

IV

Después de la larga charla del domingo, y pese a su repetida intención de volver pronto, suponía que pasaría bastante tiempo antes de que volviese a ver a Beatriz. Después de todo era una mujer casada con las correspondientes obligaciones de todo tipo. Aparte de que yo tenía tantas cosas en la cabeza que tampoco me acordé mucho de ella y su «amenaza».

Por eso cuando el martes, a las once y media de la mañana, llamaron a la puerta, pensé y deseé que fuese el cartero trayéndome el certificado d...

Mi diosa de mármol

Sobre cómo conocí a mi diosa de mármol y las aventuras que vivimos juntos.

Hace algunos años yo  aún vivía en la ciudad donde estudié mi carrera pero habiéndola terminado todavía tuve que quedarme tiempo más para tramitar mi título universitario y uno de los requisitos fue cumplir con un número preestablecido de horas en una institución pública haciendo servicio social. Trabajé como psicoterapeuta en una institución que daba apoyo psicológico y legal a mujeres víctimas de violencia doméstica.

Aunque no recibí salario por el trabajo me resultaba interesante y muy educativo po...

Beatriz (3)

Una historia real

iii

Las últimas frases habían sido cambiadas en voz un poco alta para escucharnos estando yo ya en la cocina preparando la bebida.

—Me encanta ver a un hombre desenvolverse en las labores domésticas —Escuché su voz justo a mis espaldas. Volví la cabeza y la vi apoyada en la pared detrás de mí—. ¿Te molesta que te haya «seguido»?

—Por supuesto que no. Aunque supongo que tu «aviesa» intención será encontrar fallos en mi «desenvolvimiento», como no los tengo...

—¡Seguro que sí! Es broma...

Mi mujer, su puta 5.1 (Final alternativo)

El lector que así lo quiera, y que no haya podido entender el final (de las muchas posibilidades descartadas) de la historia original, puede ojear este otro y decidir por el mismo con cual de ellos quedarse. Pero, como advierto al inicio de este final alternativo: realidad no hay más que una.

Y así, mientras mi mujercita se empeñaba en dejar la polla de Julio tan reluciente como la había encontrado y yo me empecinaba en borrar cualquier rastro de lefa dentro de su coñito, un grito heló la sala y retumbó en las paredes. Cuando alcé la vista, Frank yacía tumbado inconsciente boca abajo en medio de un gran charco de sangre.

-¿Por qué, por qué puta, por qué? ¿Por qué me has hecho esto? Yo te amo, puta, te amo....

No dijo nada más ni dio tiempo a Sonia a decir nada. No sé cuantos cuchilla...

Beatriz (1)

Historia real

Beatriz

I

Que estoy viviendo de nuevo aquí es ya del conocimiento de todos los vecinos, aunque siguen un tanto descolocados en lo referente a mis horarios. Por eso me había propuesto hace tiempo abrir la puerta a todo el que llamase. Si por ello surgían algunos problemas, era mejor afrontarlos que volver a vivir escondido. Aparte de que quien llamase no tenía por qué ser necesariamente un vecino.

Pero lo era aquel viernes, a las siete de la tarde, cuando golpearon la puerta. A pesar...

Beatriz (2)

Una historia real

II

Por no sé qué asociación de ideas, a la mañana siguiente, al levantarme, me duché, me afeité y me cambié el chándal con el que suelo estar en casa, por otro limpio.

En definitiva, toda una «puesta en escena» en honor de no sabía bien quién. O no quería confesármelo. Me justificaba a mí mismo diciendo que, daba lo mismo quién fuese. Si había posibilidad de que alguien viniese a casa, las más elementales normas de urbanidad «obligaban» a hacer aquellas cosas.

Tuve que confesarme a mí...

Instinto

El día en que supe que aquel maldito bastardo me engañó.

Nunca olvidaré aquella noche. Las luces de la calle me deslumbraron cuando salí agitada y veloz de aquella casa. Mi casa. Cerré violentamente la puerta y corrí calle abajo mientras me deshacía de las personas que osaban interponerse en mi camino. La ira me recorría. Me faltaba el aire. Tenía que huir de aquel lugar. De mi hogar.

Pronto, llegué al final de la calle. Bendije ese momento. Estaba a suficiente distancia como para que no pudieran verme desde el balcón de aquella gran casa. Mi casa. La diseñ...